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lunes, 5 de julio de 2010

BIBLIA Y EVOLUCION, ¿SON COMPATIBLES?

Los evolucionistas en general afirman que una población de animales se desarrolló gradualmente hasta formar una población de humanos, lo que contradice que en algún momento existiera un solo hombre. Por otro lado, la Biblia presenta un planteamiento muy distinto, pues afirma que nos originamos de un solo hombre, Adán. De hecho, habla de este primer hombre como un personaje histórico, e incluso menciona los nombres de su mujer y de algunos de sus hijos. Nos da detalles en cuanto a qué hizo, qué dijo, cuándo vivió y cuándo murió. Jesús nunca consideró este relato como un cuento para gente inculta. Es más, cuando en cierta ocasión se dirigió a instruidos líderes religiosos, les dijo: “¿No leyeron que el que los creó desde el principio los hizo macho y hembra [...]?” (Mateo 19:3-5). A continuación, refiriéndose a Adán y Eva, Jesús citó las palabras de Génesis 2:24.

Lucas, un escritor bíblico e historiador riguroso, presentó a Adán como una persona tan real como Jesús mismo, pues trazó la genealogía de Cristo retrocediendo hasta aquel primer hombre (Lucas 3:23-38). Y fíjese en lo que el apóstol Pablo dijo al dirigirse a un auditorio que contaba con la presencia de filósofos educados en las prestigiosas escuelas griegas: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él [...] hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra” (Hechos 17:24-26). Está claro que, según la Biblia, todos descendemos de “un solo hombre”. Entonces, ¿es compatible la evolución con lo que la Biblia enseña sobre el origen de la humanidad?


El hombre se aleja de la perfección


Según la Biblia, Jehová creó perfecto al primer hombre. Es imposible para Dios obrar de otro modo. El relato de la creación dice: “Dios procedió a crear al hombre a su imagen [...]. Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno” (Génesis 1:27, 31). ¿En qué sentido era Adán un hombre perfecto?


----Mientras que la evolución presenta al hombre moderno como la versión mejorada de un animal, la Biblia lo presenta como la versión deteriorada de su antepasado perfecto----


Era perfecto porque tenía libertad de decisión y podía imitar a plenitud las cualidades divinas. La Biblia afirma: “El Dios verdadero hizo a la humanidad recta, pero ellos mismos han buscado muchos planes” (Eclesiastés 7:29). En efecto, fue Adán quien optó por rebelarse contra Dios. Como resultado, perdió la perfección y privó de ella a sus descendientes. Esto explica la frustración que sentimos cuando queremos hacer las cosas bien y no lo logramos. Es tal como escribió el apóstol Pablo: “Lo que deseo, esto no lo practico; sino que lo que odio es lo que hago” (Romanos 7:15).


Según la Biblia, un hombre perfecto podría vivir para siempre en perfecta salud. Por lo que Dios le dijo a Adán, es obvio que este no habría muerto jamás si hubiera sido obediente (Génesis 2:16, 17; 3:22, 23). Además, Jehová no habría calificado de ‘muy buena’ la creación del hombre si este hubiera tenido la tendencia a enfermar o a rebelarse. La pérdida de la perfección explica por qué el cuerpo humano, aunque maravillosamente diseñado, es vulnerable a deformidades y enfermedades. Por lo tanto, la evolución es incompatible con la Biblia: mientras que la evolución presenta al hombre moderno como la versión mejorada de un animal, la Biblia lo presenta como la versión deteriorada de su antepasado perfecto.


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“Cristo murió por nuestros pecados.” Seguro que usted sabe que esta es una doctrina básica del cristianismo (1 Corintios 15:3; 1 Pedro 3:18). Para que podamos entender por qué la evolución es incompatible con esta doctrina, primero necesitamos comprender por qué la Biblia dice que somos pecadores y qué efecto tiene el pecado en nosotros.
Todos somos pecadores en el sentido de que no podemos imitar a la perfección las gloriosas cualidades de Dios, como el amor y la justicia. Con razón la Biblia afirma: “Todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Las Escrituras enseñan que el pecado es la causa de la muerte. “El aguijón que produce muerte es el pecado”, declara 1 Corintios 15:56. Nuestra herencia pecaminosa también es responsable de las enfermedades que sufrimos. A este respecto, Jesús mismo mostró que hay una relación directa entre la enfermedad y el pecado, pues al sanar a un paralítico, le dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2-7).
¿Cómo nos beneficia la muerte de Jesús? La Biblia hace un contraste entre Adán y Jesucristo al decir: “Así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22). Al sacrificar su vida, Jesús pagó el precio por el pecado que heredamos de Adán. De este modo, todo aquel que tenga fe en Jesucristo y le obedezca recibirá lo que Adán perdió: la vida eterna (Juan 3:16; Romanos 6:23).

http://www.watchtower.org/s/20080101a/article_01.htm

sábado, 17 de octubre de 2009

¿QUE ES LA "SALVACIÓN"?¿DE QUE NECESITAMOS SALVARNOS?


...Adán pagó muy cara la desobediencia a Dios, pues fue condenado a muerte. Aquel pecado le costó la vida humana perfecta con todos sus beneficios (Génesis 3:17-19). Por desgracia, Adán no solo la perdió para él, sino también para sus futuros descendientes. La Palabra de Dios dice: “Por medio de un solo hombre [es decir, Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). En efecto, todos nosotros hemos heredado de Adán el pecado. Por eso, la Biblia explica que Adán nos ha “vendido” junto con él, haciéndonos esclavos del pecado y la muerte (Romanos 7:14). Para Adán y Eva no existía ninguna esperanza, pues ellos habían desobedecido a Dios por voluntad propia. Sin embargo, ¿qué sucedería con sus descendientes, entre ellos nosotros?

7 Jehová decidió salvar a la humanidad mediante el rescate. ¿En qué consiste un rescate? Básicamente, en dos cosas. En primer lugar, es el precio que se paga para recuperar una cosa o liberar a una persona, como un rehén, por ejemplo. En segundo lugar, en la Biblia, un rescate es el precio que cubre, o paga, el costo de algo, como los daños sufridos por una persona. Por ejemplo, si alguien provocaba un accidente, tenía que pagar la cantidad justa que correspondía al valor de los daños producidos.

8 Tal como hemos visto, Adán nos causó a todos nosotros una enorme pérdida. ¿Cómo sería posible cubrir el costo de tal pérdida y liberarnos de la esclavitud del pecado y la muerte? Veamos el rescate que proporcionó Jehová y de qué manera puede beneficiarle a usted.

¿CÓMO PROPORCIONÓ JEHOVÁ EL RESCATE?

9 Lo que se perdió fue una vida humana perfecta. Por eso, para recuperarla no bastaba con ofrecer la vida de ningún ser humano imperfecto (Salmo 49:7, 8). Se necesitaba un rescate que tuviera un valor equivalente a lo que se había perdido. Así lo señalaba el principio de justicia perfecta que se expone en la Palabra de Dios. De acuerdo con ese principio, había que entregar “alma […] por alma” (Deuteronomio 19:21). Por lo tanto, ¿qué podría cubrir o pagar el valor del alma, o vida, humana perfecta que Adán perdió? El “rescate correspondiente” que se necesitaba era otra vida humana perfecta (1 Timoteo 2:6).
Jesús dando su vida como rescate

Jehová dio a su Hijo unigénito como rescate por nosotros

10 ¿Cómo proporcionó Jehová el rescate? Envió a la Tierra a un ser perfecto, uno de sus hijos espirituales. Pero no envió a cualquiera de ellos, sino al que más amaba: su Hijo unigénito (1 Juan 4:9, 10). Este dejó de buena gana su hogar celestial (Filipenses 2:7). Como vimos en el capítulo anterior, Jehová realizó un milagro al hacer que la vida de su Hijo pasara a la matriz de María. Gracias al espíritu santo de Dios, Jesús nació como ser humano perfecto, libre de la condena del pecado (Lucas 1:35).

11 ¿Cómo es posible que un solo hombre fuera el rescate de muchos, sí, de millones de seres humanos? Pues bien, ¿cómo llegaron todos ellos a ser pecadores? Recuerde que Adán pecó y de este modo perdió una posesión muy valiosa: la vida humana perfecta, una posesión que ya no pudo pasar a sus descendientes. Lo único que pudo transmitirles fue el pecado y la muerte. Jesús, a quien la Biblia llama “el último Adán”, tenía una vida humana perfecta y nunca pecó (1 Corintios 15:45). En cierto modo, Jesús tomó el lugar de Adán para salvarnos. Obedeció a la perfección a su Padre y sacrificó, o entregó, su vida perfecta. Así pagó el precio necesario para cubrir el pecado de Adán y nos dio una esperanza a sus descendientes (Romanos 5:19; 1 Corintios 15:21, 22).

http://www.jw.org/es/publicaciones/libros/Ense%C3%B1a/el-rescate-el-mayor-regalo-de-dios/

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DISPONIBLE EN LINEA  EN
http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2001841?q=jesus+salva+pecado+ad%C3%A1n&p=par





¿Existe esperanza de salvación?


Se ha dicho que el siglo 20 fue uno de los más sangrientos que ha conocido la humanidad. Durante las últimas décadas han proliferado de manera notable el delito, las guerras, los conflictos étnicos, el consumo de drogas, la falta de honradez y la violencia. Añádase a esto el dolor y sufrimiento que han producido las enfermedades, la vejez y la muerte. ¿Quién no anhela liberación de los grandes problemas que aquejan al mundo hoy? Al mirar al futuro, ¿existe esperanza de salvación?


EXAMINEMOS la visión que el apóstol Juan contempló hace unos dos mil años. Él escribió: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado” (Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). El profeta Isaías también predijo: “Él realmente se tragará a la muerte para siempre, y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado” (Isaías 25:8).


Pensemos en lo que significará el cumplimiento de las promesas de Dios. Se rescatará, o liberará, a la humanidad de la opresión, la violencia y las demás causas de sufrimiento y angustia. Incluso la enfermedad, la vejez y la muerte ya no nos atormentarán más. La Palabra de Dios, la Biblia, promete vida eterna en condiciones perfectas en la Tierra, vida que está al alcance de todos los que la deseen (Lucas 23:43; Juan 17:3). “[La] voluntad [de Dios] es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad.” (1 Timoteo 2:3, 4.)


Sin embargo, para beneficiarnos de las promesas divinas, debemos comprender la función que desempeña Jesucristo en nuestra salvación y cifrar fe en él. Jesús mismo afirmó: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Señalando el papel fundamental de Jesucristo en este asunto, el apóstol Pedro dijo: “No hay salvación en ningún otro, porque no hay otro nombre debajo del cielo que se haya dado entre los hombres mediante el cual tengamos que ser salvos” (Hechos 4:12). El apóstol Pablo y su compañero Silas respondieron a la sincera pregunta de una persona con la siguiente exhortación: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:30, 31).


Sin lugar a dudas, Jesucristo es el “Agente Principal de la vida”, y la salvación solo es posible a través de él (Hechos 3:15). Ahora bien, ¿cómo puede un hombre ser una figura tan prominente en nuestra salvación? Un entendimiento claro de su papel a este respecto fortalecerá nuestra esperanza de salvación.


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DISPONIBLE EN LINEA  EN
http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2001841?q=jesus+salva+pecado+ad%C3%A1n&p=par

Publicado originalmente en La Atalaya de 2001, 15 de Noviembre


http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20100430112431AAtB44z


¿Cómo nos salva Jesús?


“¡Jesús salva!” “¡Jesús es nuestro Salvador!” Mensajes como estos aparecen en las paredes de los edificios y lugares públicos de muchos países. Millones de personas creen sinceramente que Jesús es su Salvador. Si se les preguntara: “¿Cómo nos salva Jesús?”, es probable que contestaran: “Jesús murió por nosotros” o “Jesús murió por nuestros pecados”. Es verdad que su muerte hace posible nuestra salvación; pero ¿cómo es posible que la muerte de un hombre pague por los pecados de multitudes? ¿Qué respondería usted si le preguntaran cómo puede salvarnos la muerte de Jesús?


AUNQUE la respuesta bíblica es muy sencilla y clara, está llena de significado. A fin de comprender su importancia, es necesario que primero veamos la vida y muerte de Jesús como la solución a un problema muy difícil. Solo así entenderemos el gran valor de su muerte.


Al proveer a Jesús para que diera su vida, Dios se encargó de la situación que surgió cuando Adán pecó. Aquel hecho fue toda una tragedia. El primer hombre y su esposa, Eva, eran perfectos y habitaban el hermoso jardín de Edén. Dios les encomendó el provechoso trabajo de cuidar de su hogar paradisíaco y de supervisar amorosamente a las demás criaturas vivientes de la Tierra. A medida que los seres humanos fueran multiplicándose y poblando el planeta, extenderían el paraíso hasta los límites de la Tierra (Génesis 1:28). ¡Qué asignación tan deleitable y emocionante recibieron! Además, gozaban de amoroso compañerismo mutuo (Génesis 2:18). No les faltaba nada. Les esperaba una feliz vida sin fin.


¡Cómo pudieron pecar Adán y Eva! Sin embargo, se rebelaron contra su Creador, Jehová Dios. La criatura espiritual Satanás el Diablo se valió de una serpiente para engañar a Eva y hacer que desobedeciera a Jehová. Después, Adán la siguió (Génesis 3:1-6).


No había dudas sobre lo que el Creador haría con ellos dos. Ya había expuesto las consecuencias de la desobediencia al decir: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás” (Génesis 2:16, 17). Había surgido una cuestión de trascendental importancia que exigía una respuesta.

---La humanidad se encara a una situación difícil---


El pecado original creó un problema muy grave para la humanidad. Al principio, Adán era perfecto; por tanto, sus descendientes podrían haber disfrutado de vida eterna en perfección. No obstante, pecó antes de engendrar hijos. El género humano en su totalidad aún estaba en sus lomos cuando recibió la sentencia: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás” (Génesis 3:19). De modo que cuando Adán pecó y empezó a morir como Dios dijo que ocurriría, se condenó a toda la humanidad a la muerte junto con él.


El apóstol Pablo escribió más tarde con acierto: “Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). En efecto, a causa del pecado original, los hijos que se suponía que nacieran perfectos con la esperanza de vivir para siempre fueron procreados con la perspectiva de enfermar, envejecer y morir.


“Eso no es justo —podría objetar alguien—. Nosotros no escogimos desobedecer a Dios, fue Adán. ¿Por qué deberíamos perder la oportunidad de vivir para siempre en felicidad?” Si cierto padre robara un automóvil y, en vez de a él, un tribunal encarcelara a su hijo, este tendría razón para quejarse, y bien pudiera decir: “¡Esto no es justo! Yo no hice nada malo” (Deuteronomio 24:16).

---Adán legó el pecado y la muerte a la humanidad---


Al inducir a la primera pareja a pecar, puede que Satanás haya concluido que eso supondría un dilema para Dios. El Diablo atacó muy temprano en la historia del hombre, pues aún no había nacido ningún ser humano. En el momento en que pecó Adán, surgió una importante cuestión: ¿qué haría Jehová respecto a la prole que engendrarían Adán y Eva?


Jehová Dios obró con justicia. “¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente!”, exclamó el justo Elihú (Job 34:10). Y el profeta Moisés escribió lo siguiente respecto a Jehová: “La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él” (Deuteronomio 32:4). El modo como el Dios verdadero resolvió el problema que causó el pecado de Adán no nos priva de la oportunidad de vivir para siempre en una Tierra paradisíaca.

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Dios suministra la solución perfecta


Examinemos la solución que Dios proporcionó al dictar la sentencia contra Satanás el Diablo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer [la organización celestial de Dios], y entre tu descendencia [el mundo bajo el dominio de Satanás] y la descendencia de ella [Jesucristo]. Él te magullará [a ti, Satanás] en la cabeza y tú le magullarás en el talón [la muerte de Jesús]” (Génesis 3:15). En esta primera profecía bíblica, Jehová aludió al propósito de que su Hijo celestial viniera a la Tierra y llegara a ser Jesús, un hombre perfecto que luego moriría —se le magullaría en el talón— sin pecado.


¿Por qué exigió Dios la muerte de un hombre perfecto? Pues bien, ¿cuál fue la pena que Jehová Dios impuso en caso de que Adán pecara? ¿No fue la muerte? (Génesis 2:16, 17.) “El salario que el pecado paga es muerte”, escribió el apóstol Pablo (Romanos 6:23). Adán pagó por su desobediencia con su propia muerte. Aunque se le dio la vida, escogió pecar, y murió como castigo por ello (Génesis 3:19). ¿Qué decir de la condenación que heredó el género humano a causa de ese pecado? Se requería una muerte para expiar sus pecados. Pero ¿quién podría dar su vida y, con justicia, cubrir las transgresiones de la humanidad?


La Ley de Dios para la antigua nación de Israel exigía “alma por alma [o vida por vida]” (Éxodo 21:23). Según este principio legal, la muerte que cubriera las transgresiones de la humanidad tendría que ser equivalente a lo que Adán había perdido. Solo la muerte de otro hombre perfecto podía pagar el salario del pecado. Y Jesús era ese hombre. En realidad, él fue un “rescate correspondiente” para la salvación de toda la humanidad redimible que había descendido de Adán (1 Timoteo 2:6; Romanos 5:16, 17).

---La muerte de Jesús es muy valiosa---


La muerte de Adán no tenía ningún valor, pues merecía morir por su pecado. No obstante, la de Jesús era muy valiosa porque murió sin pecado. Jehová Dios aceptaría el valor de su vida perfecta como rescate por los hijos obedientes del pecador Adán. Además, el mérito del sacrificio de Jesús no solo cubre nuestros pecados del pasado. De ser así, no tendríamos ningún futuro, pues, como fuimos concebidos en pecado, tarde o temprano volveríamos a errar (Salmo 51:5). Por eso, estamos muy agradecidos de que su muerte nos brinde la oportunidad de alcanzar la perfección que Jehová se propuso que tuviera la prole de Adán y Eva en el principio.


Adán puede asemejarse a un padre que murió y nos dejó una deuda tan grande (el pecado), que es imposible de saldar. Por otro lado, Jesús es como un padre bueno que murió legándonos una cuantiosa herencia, la cual no solo nos libra de la enorme deuda que nos transmitió Adán, sino que también nos da los medios para seguir viviendo eternamente. La muerte de Jesús, además de cancelarnos los pecados del pasado, constituye una maravillosa provisión para nuestro futuro.


Jesús salva porque murió por nosotros. ¡Y qué valiosa provisión es su muerte! Cuando la vemos como parte de la solución divina al complicado problema que causó el pecado de Adán, se fortalece nuestra fe en Jehová y en su modo de obrar. En efecto, la muerte de Jesús es un medio de salvar del pecado, la enfermedad, la vejez y hasta la muerte a “todo el que ejerce fe” en Él (Juan 3:16). ¿Estamos agradecidos a Dios por disponer amorosamente los medios necesarios para nuestra salvación?


Jehová suministró la solución perfecta.

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PASAJES QUE MUESTRAN QUE JESUS FUE HUMANO, HOMBRE.:

(Comentario de Boanerge)

Daniel 7:13 y 14: Seguí contemplando en las visiones de la noche, y, ¡pues vea!, con las nubes de los cielos sucedía que venía alguien como <<< un hijo del hombre; >>> y al Anciano de Días obtuvo acceso, y lo presentaron cerca, aun delante, de Aquel. 14 Y a él fueron dados gobernación y dignidad y reino, para que los pueblos, grupos nacionales y lenguajes todos le sirvieran aun a él. Su gobernación es una gobernación de duración indefinida que no pasará, y su reino uno que no será reducido a ruinas.

Mateo 10:23: Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra; porque en verdad les digo: De ninguna manera completarán el circuito de las ciudades de Israel hasta que llegue <<< el Hijo del hombre. >>>

Mateo 8:20: Pero Jesús le dijo: “Las ****** tienen cuevas, y las aves del cielo tienen donde posarse, pero <<< el Hijo del hombre >>> no tiene dónde recostar la cabeza”.

Mateo 12:40: Porque así como Jonás estuvo en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así <<< el Hijo del hombre >>> estará en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

Mateo 17:22: Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: <<< El Hijo del hombre >>> está destinado a ser traicionado en manos de los hombres [...]

Mateo 24:30: Y entonces aparecerá en el cielo la señal del <<< Hijo del hombre, >>> y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán en lamento, y verán <<< al Hijo del hombre >>> viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.

Juan 3:13: Además, ningún hombre ha ascendido al cielo sino el que descendió del cielo, <<< el Hijo del hombre. >>>

Lucas 17:26: Además, así como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del <<>>

Lucas 18:8: Les digo: Él hará que se les haga justicia rápidamente. Sin embargo, cuando llegue <<< el Hijo del hombre,>>> ¿verdaderamente hallará la fe sobre la tierra?”.

Apocalipsis 14:14: Y vi, y, ¡miren!, una nube blanca, y sobre la nube alguien sentado semejante <<< a un hijo del hombre >>> con una corona de oro sobre su cabeza y una hoz aguda en su mano.

Jesús no es un hombre en los cielos. Jesús tiene su cuerpo espiritual. Jesús es un ser sumamente poderoso.
Jesús es el Rey nombrado por Dios. Los Testigos de Jehová creemos y ejercemos fe en el sacrificio de Cristo. También creemos que Jesús es el Hijo de Dios como él mismo afirmó.

Sin embargo, al igual que Jesús... los Testigos de Jehová creemos que Jesús tiene un Dios.

Mateo 27:46: Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte, y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío,¿por qué me has desamparado?"

Juan 20:17: "Asciendo a mi Dios y Dios de ustedes"

Apocalipsis 3:12: [Jesús dijo:] "Lo haré columna en el Templo de mi Dios" [...]

Juan 14:28: Oyeron que les dije: Me voy y vengo [otra vez] a ustedes. Si me amaran, se regocijarían de que sigo mi camino al Padre, porque el Padre es mayor que yo.



Al igual que los apóstoles de Jesús... los Testigos de Jehová creemos que Jesús tiene un Dios:

2 Corintios 1:3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de tiernas misericordias y el Dios de todo consuelo"

1 Pedro 1:3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo" [...]

Efesios 1:3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo" [...]



Como nos enseña la Biblia... Los Testigos de Jehová creemos que Jesús es un ser subordinado a su Dios y Padre:

1 Corintios 15:24-28: En seguida, el fin, cuando él entrega el reino a su Dios y Padre, cuando haya reducido a nada todo gobierno y toda autoridad y poder. 25 Porque él tiene que reinar hasta que [Dios] haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies. 26 Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada. 27 Porque [Dios] “sujetó todas las cosas debajo de sus pies”. Mas cuando dice que ‘todas las cosas han sido sujetadas’, es evidente que esto es con la excepción de aquel que le sujetó todas las cosas. 28 Pero cuando todas las cosas le hayan sido sujetadas, entonces el Hijo mismo también se sujetará a Aquel que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas para con todos.

1 Corintios 11:3: Pero quiero que sepan que la cabeza de todo varón es el Cristo; a su vez, la cabeza de la mujer es el varón; a su vez, la cabeza del Cristo es Dios.

Hebreos 1:3: Él es el reflejo de su gloria y la representación exacta de su mismo ser, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder; y después de haber hecho una purificación por nuestros pecados se sentó a la diestra de la Majestad en lugares encumbrados.

Filipenses 2:9: "Por esta misma razón, también, Dios lo ensalzó a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo nombre"

Mateo 20:23:Les dijo: “De cierto beberán mi copa, pero esto de sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es cosa mía darlo, sino que pertenece a aquellos para quienes ha sido preparado por mi Padre”.

Mateo 24:36: "Respecto a aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre".

Hechos 2:36: Por lo tanto, sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios lo hizo Señor y también Cristo, a este Jesús a quien ustedes fijaron en un madero”.




Por cierto... los Testigos de Jehová han indicado que la Biblia enseña que Cristo está en los cielos en su cuerpo espiritual. Mientras que otras religiones enseñan que está en un cuerpo humano glorificado.



¡Saludos!


Cuando quiera formar parte del único pueblo de Jehová Dios en la tierra... simplemente responda la puerta. Jehová Dios ha llenado de espíritu santo a su Pueblo para que éste lleve el mensaje de las Buenas Nuevas sobre toda la tierra habitada. Ustedes mismos han visto al Pueblo de Dios predicando... ¡Escúchenles!
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Otros pasajes similares: 

(1 Corintios 15:21-22) . . .Pues, dado que la muerte es mediante un hombre, la resurrección de los muertos también es mediante un hombre. 22 Porque así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados.
21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 


Valera

(1 Timoteo 2:5) 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, un hombre, Cristo Jesús, 6 que se dio a sí mismo como rescate correspondiente por todos. . .
5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,


Valera

(Romanos 5:15) . . .Mas no es con el don como fue con la ofensa. Porque si por la ofensa de un solo hombre muchos murieron, mucho más abundaron para los muchos la bondad inmerecida de Dios y su dádiva gratuita con la bondad inmerecida por el solo hombre, Jesucristo.
15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. (VV Valera)
 

lunes, 21 de septiembre de 2009

RESURRECCIÓN DE JESÚS

En el sitio oficial encontré esto:


‘¡ES UN HECHO QUE EL SEÑOR HA SIDO LEVANTADO!’

Imagine la angustia de los discípulos de Jesús cuando se dio muerte a su Señor. Su esperanza parecía tan muerta como el cuerpo que José de Arimatea colocó en la tumba, y muertas yacían también las expectativas de que Cristo liberara a los judíos del yugo romano.
Si tal suceso hubiera supuesto el final de todo, aquellos discípulos probablemente habrían desaparecido, como ocurrió con los partidarios de muchos supuestos Mesías. Pero Jesús estaba vivo. Según las Escrituras, poco después de morir se apareció varias veces a sus seguidores, por lo que algunos de ellos se sintieron impulsados a exclamar: “¡Es un hecho que el Señor ha sido levantado[!]” (Lucas 24:34).

Los cristianos tenían que defender su fe en que Jesús era el Mesías, y al hacerlo, señalaban como prueba especialmente sólida a su resurrección de entre los muertos. De hecho, “con gran poder los apóstoles continuaron dando el testimonio acerca de la resurrección del Señor Jesús” (Hechos 4:33).

Si alguien hubiera demostrado que aquella resurrección era un fraude, quizá con la confesión de algún discípulo o mostrando que el cuerpo de Jesús seguía en la tumba, el cristianismo habría fracasado en sus comienzos. Pero no fue así. Al saber que Cristo estaba vivo, sus seguidores proclamaron su resurrección por doquier, y multitudes se hicieron creyentes en el Cristo resucitado.

¿Por qué podemos creer nosotros también en la resurrección de Jesús? ¿Qué pruebas hay de que fue un acontecimiento real?

¿Por qué examinar las pruebas?

Los cuatro Evangelios relatan la resurrección de Jesús (Mateo 28:1-10; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-12; Juan 20:1-29).* Asimismo, otras porciones de las Escrituras Griegas Cristianas hablan con seguridad de tal evento.

No es extraño que los seguidores de Jesús proclamaran su resurrección. Si en realidad Dios lo levantó de la muerte, es la noticia más asombrosa que el mundo haya oído jamás, pues significa que Dios existe y, además, que Jesús está vivo ahora mismo.

¿Qué importancia tiene para nosotros este asunto? Pues bien, Jesús oró: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). En efecto, podemos adquirir un conocimiento vivificador: el de Jesús y su Padre. Si lo aplicamos, aun en el caso de que muriéramos, podremos volver a la existencia, como Jesús (Juan 5:28, 29). Contamos con la esperanza de la vida eterna en una Tierra paradisíaca bajo el Reino celestial de Dios en manos de su Hijo glorificado, Jesucristo, el Rey de reyes (Isaías 9:6, 7; Lucas 23:43, Revelación [Apocalipsis] 17:14).

Por ello, la cuestión de si Jesús fue en realidad levantado de entre los muertos es crucial. Influye en nuestra vida actual y en lo que nos deparará el futuro. Es por ello que lo invitamos a examinar cuatro líneas argumentales que demuestran que Jesús murió y fue resucitado.

Jesús murió en el madero

Algunos escépticos afirman que aunque a Jesús lo colgaron en un madero, en realidad no murió en él. Sostienen que solo estaba al umbral de la muerte y que el frescor de la tumba lo revivió. Sin embargo, según demuestran todas las fuentes, lo que se dejó en la tumba fue el cuerpo sin vida de Jesús.

La ejecución fue pública, de modo que hubo testigos de que murió en el madero. Certificó el fallecimiento el centurión que estaba al mando, un profesional a quien le competía dicha tarea. Además, el gobernador romano Poncio Pilato no permitió a José de Arimatea llevarse el cuerpo de Jesús para enterrarlo hasta que le confirmaron la defunción (Marcos 15:39-46).

Hallaron la tumba vacía

El sepulcro vacío ofreció a los discípulos la primera prueba de la resurrección de Jesús, una prueba todavía no refutada. Enterraron a Jesús cerca del lugar de la ejecución, en una tumba nueva fácil de encontrar (Juan 19:41, 42). Todos los relatos de los Evangelios concuerdan en que cuando los amigos de Jesús llegaron a la tumba la segunda mañana después de su muerte, el cuerpo había desaparecido (Mateo 28:1-7; Marcos 16:1-7; Lucas 24:1-3; Juan 20:1-10).

La tumba vacía los dejó tan atónitos como a los enemigos de Jesús. Los opositores de este llevaban mucho tiempo procurando verlo muerto y enterrado. Una vez cumplido su objetivo, tomaron la precaución de apostar guardias y sellar la tumba. No obstante, a la mañana del primer día de la semana la hallaron vacía.

¿Se llevaron el cuerpo los amigos de Jesús? No es probable que lo hicieran, ya que los Evangelios los muestran profundamente angustiados tras la ejecución. Además, es poco probable que los discípulos se arriesgaran a sufrir persecución y a perder la vida por algo que sabían que era un fraude.

¿Quién vació el sepulcro? Los enemigos de Jesús habrían sido los últimos en hacerlo. Y aun en ese caso, sin duda habrían presentado el cuerpo más tarde para refutar la afirmación de los discípulos de que Cristo había resucitado y estaba vivo. Sin embargo, nada de eso sucedió, pues era Dios mismo quien había intervenido.

Semanas después, aquellos adversarios no rebatieron con alguna prueba aplastante el testimonio de Pedro: “Varones de Israel, oigan estas palabras: A Jesús el Nazareno, varón públicamente mostrado por Dios a ustedes mediante obras poderosas y portentos presagiosos y señales que Dios hizo mediante él en medio de ustedes, así como ustedes mismos lo saben, a este hombre, como uno entregado por el consejo determinado y presciencia de Dios, ustedes lo fijaron en un madero por mano de desaforados, y lo eliminaron. Pero Dios lo resucitó desatando los dolores de la muerte, porque no era posible que él continuara retenido por ella. Porque David dice tocante a él: ‘Tenía a Jehová constantemente ante mis ojos [...]. Además, hasta mi carne residirá en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que el que te es leal vea corrupción[’]” (Hechos 2:22-27).

Muchas personas vieron a Jesús resucitado

El evangelista Lucas declaró en el libro de Hechos: “A [los apóstoles] también [Jesús] se les mostró vivo por muchas pruebas positivas después de haber sufrido, pues fue visto por ellos por espacio de cuarenta días, y dijo las cosas acerca del reino de Dios” (Hechos 1:2, 3). Varios discípulos vieron al resucitado Jesús en diferentes ocasiones: en un jardín, en un camino, durante una comida y junto al mar de Tiberíades (Mateo 28:8-10; Lucas 24:13-43; Juan 21:1-23).

Los críticos cuestionan la veracidad de esas apariciones, bien alegando que los escritores se inventaron los relatos, o bien señalando aparentes discrepancias. Sin embargo, las pequeñas diferencias entre los Evangelios en realidad demuestran que los autores no estaban confabulados. Nuestro conocimiento de Jesús se amplía cuando un escritor aporta detalles que complementan a otras crónicas de ciertos episodios de su vida terrestre.

¿Fueron alucinaciones las apariciones de Jesús tras su resurrección? Ese argumento es poco convincente, pues numerosas personas lo vieron. Entre ellas había pescadores, mujeres, un funcionario e incluso el escéptico apóstol Tomás, quien no lo creyó hasta que tuvo ante sus ojos la prueba irrefutable de que había sido levantado a la vida (Juan 20:24-29). Hubo varias ocasiones en que los discípulos de Jesús no lo reconocieron de inmediato. En una oportunidad lo contemplaron más de quinientas personas, la mayoría de las cuales seguían vivas cuando el apóstol Pablo se refirió a ese incidente en defensa de la resurrección (1 Corintios 15:6).

Jesús influye en la gente.

---Millones de personas hallan la felicidad verdadera haciéndose seguidoras de Jesucristo

---La resurrección de Jesús es mucho más que un objeto de curiosidad o de debate. El hecho de que Cristo está vivo ha influido positivamente en personas de todo lugar. Desde el siglo I, un sinfín de ellas han pasado de sentir indiferencia o total hostilidad hacia el cristianismo, a tener la absoluta certeza de que es la religión verdadera. ¿Qué las ha hecho cambiar? Estudiar las Escrituras las ha convencido de que Dios resucitó a Jesús para vivir en los cielos, convertido en un glorioso ser espiritual (Filipenses 2:8-11). Han demostrado que tienen fe en Cristo y en su sacrificio de rescate, la provisión de Jehová para la salvación (Romanos 5:8). Asimismo han hallado verdadera felicidad al cumplir la voluntad divina y regirse por las enseñanzas de Jesús.

Piense en lo que suponía ser cristiano en el siglo I. Desde luego, no implicaba mayor prestigio, poder ni riqueza. Todo lo contrario: muchos de los primeros cristianos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por causa de su fe (Hebreos 10:34). Exigía llevar una vida de sacrificio que con frecuencia terminaba en el martirio debido a la persecución.

Fuente (s):

Antes de abrazar el cristianismo, algunos seguidores de Jesús tenían buenas perspectivas de alcanzar renombre y riqueza. Saulo de Tarso estudió bajo la tutela del reconocido maestro de la Ley Gamaliel, y comenzaba a destacarse a los ojos de los judíos (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14). Sin embargo, Saulo llegó a ser el apóstol Pablo. Como tantos otros, volvió la espalda al prestigio y al poder que el mundo ofrecía. ¿Por qué? Para difundir un mensaje de auténtica esperanza, basado en las promesas divinas y en el hecho de que Jesucristo había resucitado (Colosenses 1:28). Todos ellos estuvieron dispuestos a sufrir por una causa que sabían que estaba cimentada en la verdad.

Lo mismo ocurre hoy con millones de personas, a las que podrá hallar en las congregaciones de los testigos de Jehová de todo el mundo. Desean invitarlo cordialmente ...Se alegrarán de contar con su presencia en ...todas las reuniones que a fin de estudiar la Biblia se llevan a cabo en los Salones del Reino.

¿Por qué no aprender más, no solo de la muerte y resurrección de Jesús, sino también de su vida y enseñanzas? Él nos tiende la mano (Mateo 11:28-30). Adquiera sin demora un conocimiento exacto de Jehová Dios y de Jesucristo. Hacerlo puede significar vida eterna al amparo del Reino de Dios en manos de Su querido Hijo.

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"SE SOMETE A JUICIO LA RESURRECCIÓN DE JESÚS"



“Les digo con franqueza que aunque tenemos la absoluta certeza de que Jesús existió [...], no podemos decir con la misma seguridad que Dios lo levantara de entre los muertos.” Esa fue la declaración del cabeza de la Iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury.

EL APÓSTOL cristiano Pablo no abrigaba tales dudas. En el capítulo 15 de su primera carta inspirada a los cristianos de Corinto escribió: “Porque les transmití, entre las primeras cosas, lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue enterrado, sí, que ha sido levantado al tercer día según las Escrituras” (1 Corintios 15:3, 4).

La fe en la resurrección de Jesucristo fue lo que impulsó a sus discípulos a predicar el evangelio por todo el mundo grecorromano, “en toda la creación que está bajo el cielo” (Colosenses 1:23). En realidad, dicho milagro constituye el fundamento del cristianismo.

Sin embargo, desde el mismo principio, tal resurrección fue recibida con dudas e incredulidad. Los judíos en general consideraban blasfema la afirmación de los seguidores de Jesús de que aquel hombre fijado en un madero era el Mesías. Y para la mayoría de los griegos instruidos, quienes creían en la inmortalidad del alma, la sola idea de la resurrección resultaba repulsiva (Hechos 17:32-34).

Escépticos de la actualidad

En los últimos años, algunos eruditos que dicen ser cristianos han editado libros y artículos en los que rechazan la resurrección de Jesús por considerarla una leyenda, y se han enfrascado en un intenso debate sobre el tema. Diferentes comentaristas que investigan al “Jesús histórico” arguyen que los relatos evangélicos de la tumba vacía y las apariciones posteriores a la resurrección de Cristo son pura ficción, y que se inventaron mucho después de su muerte para respaldar las afirmaciones que le atribuyen poder celestial.

Veamos, por ejemplo, la opinión del especialista germano Gerd Lüdemann, profesor del Nuevo Testamento y autor del libro What Really Happened to Jesus —A Historical Approach to the Resurrection (Qué ocurrió en realidad con Jesús. Enfoque histórico de la resurrección). Él alega que la resurrección de Jesús es una “fórmula vacía” que deben descartar cuantos comparten una “visión científica del mundo”.

El profesor Lüdemann sostiene que cuando Pedro vio a Cristo resucitado, en realidad contempló una visión, producto del abrumador sentimiento de pesar y culpa por haberlo negado. Afirma asimismo que la aparición de Jesús a más de quinientos creyentes de una vez fue un caso de “éxtasis colectivo” (1 Corintios 15:5, 6). En resumen, muchos expertos reducen las crónicas bíblicas de la resurrección de Jesús a una sucesión de experiencias subjetivas que produjo en los discípulos una renovada sensación de confianza espiritual y de euforia misional.

Claro está, a pocas personas les importan las controversias académicas. Sin embargo, analizar la resurrección de Jesús debería interesarnos a todos. ¿Por qué? Porque si él no volvió a la vida, el cristianismo descansa sobre un fundamento falso; pero si, por otra parte, la resurrección es realmente un hecho histórico, la fe cristiana se basa en la verdad. En este último caso, no solo se confirmaría lo que se dijo sobre Cristo, sino también sus promesas. Además, si hay resurrección, la muerte no es el gran vencedor, sino un enemigo al que se puede derrotar (1 Corintios 15:55).

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La Biblia

Publicado en La Atalaya del 15 de marzo de 2001
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Disponible en línea en:
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TEOLOGO JUDIO PINCHAS LAPIDE CREE QUE JESUS RESUCITO.
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