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martes, 4 de marzo de 2014

Dios protege a su pueblo

Jehová Dios siempre ha protegido a sus fieles. Tiene el derecho de protegerlos ya que es el  "“Juez de toda la Tierra”", según Génesis 18:25.

Cuando su propósito lo requiere, puede intervenir en los asuntos humanos según Él lo juzgue necesario.

La Biblia contiene registros de ello, y notamos que da las advertencias necesarias en cada caso.

Eso ocurrió en el caso del Diluvio, de Sodoma y Gomorra, también en el desalojo de los inmorales canaaneos asesinos de niños, quienes fueron avisados con muchos años de antelación.

En el caso de Egipto, pacientemente mandó advertencia mediante Moisés, que anunció 10 plagas a Faraón pidiendo la liberación de su pueblo. Como Faraón no obedeció, se acarreó el enojo de Jehová y calamidad para él y todos sus seguidores.

Muchos egipcios se volvieron a adorar a Jehová reconociendo su poder, pero Faraón no.

Dios pudo destruir a Faraón en la primer plaga, pero Jehová le dejo ver las 10 para mostrarle su poder, como leemos en Éxodo 9:16, 

“Pero, en realidad, por esta causa te he mantenido en existencia, a fin de mostrarte mi poder y para que mi nombre sea declarado en toda la tierra.”


Todo esto nos da la seguridad que Dios intervendrá en los asuntos humanos para terminar con la maldad e injusticia tal como lo ha hecho en el pasado, y para defender a todos los que le aman..
(Mateo 6:9,10; Daniel 2:44)

Pero, si la proteccion de Dios fuera tan grande que nada malo nos pasara, muchos se volverían adoradores de Jehová... pero por conveniencia, por ganancia material.

Por eso Dios permite a veces que pasemos por pruebas.

Asi podemos mostrar que le adoramos en las buenas y en las malas.

Eso pasó en el caso de Job, aunque él no lo supo hasta el final.

Como lo explicó el discípulo Santiago en su carta (5:11)

“¡Miren! Pronunciamos felices a los que han aguantado. Ustedes han oído del aguante de Job y han visto el resultado que Jehová dio, que Jehová es muy tierno en cariño, y misericordioso.”


Bajo su Reino no habrá más lamento ni clamor ni dolor, las cosas anteriores habrán pasado y no volverán al corazón, leemos en Revelación 21:3,4.

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