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sábado, 19 de octubre de 2013

APEDREAR A HIJO REBELDE EN LA BIBLIA

http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200004238

Un conjunto de 613 leyes, incluyendo los 10 Mandamientos, fueron dadas a la nación de Israel de la antigüedad 15 siglos antes de Cristo.

Había un sistema judicial que decidia caso por caso.

La pena de muerte se aplicaba en algunos casos por apedreamiento.

Bajo la Ley de Moisés, un malhechor que mereciera la pena capital solía ser apedreado hasta morir. (Le 20:2.) De este modo se ‘eliminaba lo que era malo de en medio de ellos’. Todo Israel se enteraba del castigo, y se infundía en su corazón un temor a ese mal proceder. (Dt 13:5, 10, 11; 22:22-24.) Al apedrear al malhechor, el pueblo mostraba su celo por la adoración verdadera, su afán de que no hubiese ningún reproche sobre el nombre de Dios y su deseo de mantener limpia la congregación.

Antes de apedrear a un malhechor, se exigía que por lo menos dos testigos concordasen en su testimonio contra él y después ellos mismos tenían que ser los que arrojaran las primeras piedras. (Le 24:14; Dt 17:6, 7.) La perspectiva de llegar a ser el ejecutor hacía que una persona se lo pensase con detenimiento antes de prestar cualquier declaración y sin duda disuadía del falso testimonio, pues si este era descubierto, el testigo mentiroso tenía que pagar con su vida. (Dt 19:18-20.)

Normalmente se apedreaba a los malhechores fuera de la ciudad. (Nú 15:35, 36; 1Re 21:13; contrástese con Dt 22:21.) Después, para que sirviera de advertencia, el cadáver podía ser fijado en un madero, pero se retiraba a la puesta del Sol, pues tenía que enterrarse aquel mismo día. (Dt 21:21-23.)


Al hijo que fuera terco y rebelde, así como glotón y borracho, se le tendría que apedrear hasta morir. (Dt 21:18-21.)


Jesús habló de Jerusalén como “la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella”. (Mt 23:37; compárese con Heb 11:37.) A él mismo se le amenazó con ser apedreado (Jn 8:59; 10:31-39; 11:8) y a Esteban lo mataron de esta manera. (Hch 7:58-60.)

En Listra, ciertos judíos fanáticos “apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, imaginándose que estaba muerto”. (Hch 14:19; compárese con 2Co 11:25.) 

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