domingo, 12 de mayo de 2013

BAT-SEBA Y DAVID, EL HIJO QUE MURIÓ

¿Por qué murío el hijo de David y Ba-Seba?

Desde que nacemos en este mundo, todos vamos caminando hacia la muerte.

Los humanos somos afectados por decisiones de nuestros padres y gobernantes, sea que nos guste o no.

Por ejemplo, si los padres han tomado drogas que dañan el sistema reproductivo, los bebés pueden nacer debilitados o con problemas desde su nacimiento y morir antes que otros.

Igualmente, en países en que hay hambre y guerras, la muerte puede venir mas pronto que a la mayoría.

Dios, el Creador de todo el universo y Juez de toda la tierra, puede decidir extender la vida de algunos o acortar la de otros segun lo juzgue apropiado a su propósito. Vea Génesis 18:25.

Eso lo demostró cuando libró a los Israelitas de la esclavitud y el cautiverio en Egipto.
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Sobre el rey David:

La Ley de Dios en el Israel antiguo castigaba el adulterio con pena de muerte, según Deuteronomio 22:22.

Dios misericordiosamente perdonó la vida de David y Bat-seba. Obviamente el bebé hubiera muerto junto con Bat-Seba de ejecutarse el castigo indicado.

Tampoco sabemos si el bebé venía con algun problema congénito de salud que hubiera causado su muerte prematura. Los humanos de entonces no sabían de tales problemas.
Dios si puede verlos, David dice que los ojos de Dios pueden ver el embrión (Salmo 139).
En algunos casos Dios ha decidido alargar la vida de algunas personas, según su propósito. Ese fue el caso de Ezequías, cuya vida fue extendida 15 años.

En otros casos, Dios puede elegir no extender la vida de una persona.

Además, en el lenguaje de la Biblia se mencionan casos en que Dios “hace”algo, cuando en realidad lo que hace es permitirlo.

Dios eligió no extender la vida del hijo de David y Bat-seba.

No tenemos todos los hechos.

No sabemos la salud que pudo haber tenido el niño al nacer. De todos modos, podemos aceptar la manera como Dios trató este caso, confiando en que lo que hizo fue imparcial, sabio y justo. Incluso el mismo David reconoció más tarde: “En cuanto al Dios verdadero, perfecto es su camino”. (2 Samuel 22:31; compárese con Job 34:12; Isaías 55:11.)
Lo que acaba de mencionarse encaja con el modo como David reaccionó al oír el juicio de Dios. Mientras el niño estuvo enfermo, David lloró y ayunó. Pero una vez hubo muerto, David se dio cuenta de que el caso había terminado. (2 Samuel 12:22, 23.) Confiando en el juicio de Dios, David procedió a consolar a Bat-seba (ahora su esposa legal), garantizándole que su matrimonio continuaría. Después les nació Salomón, quien llegó a ser el sucesor de David.
El modo como Dios trató ese caso no debe verse como una contradicción de Deuteronomio 24:16 o Ezequiel 18:20.
Una parte de la Ley decía: “Padres no deben ser muertos a causa de hijos, e hijos no deben ser muertos a causa de padres. Cada cual debe ser muerto por su propio pecado”. (Deuteronomio 24:16.) Estas instrucciones eran para los jueces israelitas que trataban casos legales. Los jueces no podían leer el corazón. Tenían que tratar cada caso sobre la base de la conducta del implicado, establecida por los hechos.
De modo similar, Ezequiel 18:20 dice: “Un hijo mismo no llevará nada debido al error del padre, y un padre mismo no llevará nada debido al error del hijo. Sobre sí mismo la misma justicia del justo llegará a estar y sobre sí mismo la misma iniquidad del inicuo llegará a estar”. Esas palabras se referían primariamente a los adultos. El contexto habla de un hijo que veía la maldad de su padre pero que no participaba en ella; en vez de eso, llevaba a cabo las decisiones judiciales de Jehová y andaba en Sus estatutos. Un hijo así sería conservado con vida cuando su padre muriera. (Ezequiel 18:14-17.)
Aun así, es innegable que los hijos pueden sufrir las consecuencias del proceder de sus padres. Los padres que son derrochadores o insensatos pueden acarrear pobreza a toda la familia. O imagínese cómo afectaría a los hijos el que un padre delincuente fuera sentenciado a prisión. Incluso las calamidades que Dios trajo justamente sobre Israel por su iniquidad afectaron a los hijos en aquel tiempo. (Deuteronomio 28:15, 20-32; Ezequiel 8:6-18; 9:5-10.) Por esa razón, Dios instó a su pueblo de la siguiente manera: “Y tienes que escoger la vida a fin de que te mantengas vivo, tú y tu prole, amando a Jehová tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a él; porque él es tu vida y la longitud de tus días”. (Deuteronomio 30:19, 20.)
La experiencia de David y Bat-seba debería hacer reflexionar a los padres sobre cómo su propia conducta puede afectar de manera importante a sus hijos. Si los padres ‘están en temor del nombre de Dios, el sol de la justicia puede brillar’ para bendición de toda la familia. (Malaquías 4:2.)

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La Biblia.

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