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domingo, 8 de enero de 2012

Gehena un lugar de tormento ardiente, ¿infierno?

¿Es el Gehena un lugar de tormento ardiente?

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En los Evangelios, Jesús previno a sus discípulos contra sufrir el juicio del Gehena. Obviamente quería que tomaran muy en serio esa advertencia. Pero ¿se refería a un infierno de tormento y castigo eterno? (Mateo 5:22.)

Para comenzar, analicemos la palabra Gehena. El vocablo griego guéenna es el equivalente del hebreo gueh Hinnóm, que significa “valle de Hinón” o, en su forma completa, gueh veneh-Hinnóm, “valle de los hijos de Hinón” (Josué 15:8; 2 Reyes 23:10). Este lugar, conocido hoy como Wadi er-Rababi, es un valle estrecho y profundo situado entre el sur y el suroeste de Jerusalén.
En la época de los reyes de Judá —a partir del siglo VIII antes de nuestra era—, allí se efectuaban ritos paganos como el de sacrificar a niños en el fuego (2 Crónicas 28:1-3; 33:1-6). El profeta Jeremías predijo que en ese mismo valle morirían por castigo divino muchos habitantes de Judea a manos de los babilonios (Jeremías 7:30-33; 19:6, 7).


Ahora bien, muchos traductores de la Biblia se han tomado la libertad de verter la palabra guéenna como “infierno” (Mateo 5:22, Reina-Valera, 1960). ¿A qué se debe esto? A que relacionan el fuego literal que ardía en aquel valle con la noción pagana de que los malos reciben un castigo ardiente después de morir. Sin embargo, Jesús nunca vinculó el Gehena a un tormento de ningún tipo.
Jesús sabía que a su Padre celestial, Jehová, le repugna la sola idea de quemar viva a la gente. Refiriéndose al uso que se dio al Gehena, Jehová declaró mediante Jeremías: “Han edificado los lugares altos de Tófet, que está en el valle del hijo de Hinón, a fin de quemar a sus hijos y sus hijas en el fuego, cosa que yo no había mandado y que no había subido a mi corazón” (Jeremías 7:31). La creencia de que se atormenta a los muertos no está en armonía con la amorosa personalidad de Dios ni con la clara enseñanza bíblica de que “ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5, 10).


Según el erudito judío David Kimhi, que vivió aproximadamente entre los años 1160 y 1235, el valle se convirtió con el tiempo en un basurero de Jerusalén, el cual se mantenía ardiendo a fin de incinerar los desperdicios. Cualquier cosa que se arrojara allí quedaría reducida a cenizas, es decir, destruida por completo.

Jesús empleó el término Gehena para referirse a la destrucción completa que viene del juicio condenatorio de Dios. Por lo tanto, el significado de dicho vocablo es el mismo que el del “lago de fuego” mencionado en el libro de Revelación, o Apocalipsis. Las dos expresiones se refieren a la destrucción eterna, sin ninguna posibilidad de resurrección (Lucas 12:4, 5; Revelación 20:14, 15).

* Sobre esta profecía, la New Catholic Encyclopedia declara: “En la destrucción de Jerusalén morirían tantas personas que sus cuerpos no serían sepultados, sino arrojados al valle para que se pudrieran o quemaran”.




Publicado en La Atalaya  del 1 de abril de 2011
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Disponible gratuitamente en línea
http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2011252
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Informacion adicional

Mito 2: Las personas malas sufren tormento en el infierno
http://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20091101/mito-los-malos-sufren-en-el-infierno/

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¿Castiga Dios a la gente en el infierno?

http://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20121001/castiga-dios-a-la-gente-en-el-infierno/

http://pho.to/8rPku

 

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