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sábado, 15 de enero de 2011

RESUCITADOS, CON QUE CUERPO VUELVEN.

RESUCITADOS, CON QUE CUERPO VUELVEN.

La persona ha de tener un cuerpo, sea espiritual o terrestre, pues todas las personas, tanto celestiales como terrestres, poseen un cuerpo. Para que vuelva a ser una persona, el que ha muerto debe tener un cuerpo, sea físico o espiritual. La Biblia dice: “Si hay cuerpo físico, también lo hay espiritual”. (1Co 15:44.)

Pero, ¿vuelven a juntarse las células del cuerpo anterior en la resurrección? ¿Es acaso una reproducción exacta del cuerpo anterior, hecho precisamente tal como era cuando la persona murió? Las Escrituras responden de manera negativa cuando hablan de la resurrección de los hermanos ungidos de Cristo: “No obstante, alguien dirá: ‘¿Cómo han de ser levantados los muertos? Sí, ¿con qué clase de cuerpo vienen?’. ¡Persona irrazonable! Lo que siembras no es vivificado a menos que primero muera; y en cuanto a lo que siembras, no siembras el cuerpo que se desarrollará, sino un grano desnudo, sea de trigo o cualquiera de los demás; pero Dios le da un cuerpo así como le ha agradado, y a cada una de las semillas su propio cuerpo”. (1Co 15:35-38.)
Los que alcanzan la herencia celestial reciben un cuerpo espiritual, pues Dios se complace en que tengan cuerpos que correspondan al ámbito celestial. Pero ¿qué cuerpo reciben aquellos a quienes Jehová se deleita en dar una resurrección terrestre? No podría ser el mismo cuerpo, con exactamente los mismos átomos. Cuando una persona muere y es enterrada, el proceso de descomposición convierte el cuerpo en elementos químicos orgánicos que la vegetación absorbe. Cabe la posibilidad de que otras personas coman de esa vegetación, de modo que los elementos, los átomos de la persona muerta, pueden estar en otras muchas personas. Es obvio que cuando se produzca la resurrección, esos mismos átomos no podrán estar en la persona resucitada y en todas las demás al mismo tiempo.

El cuerpo resucitado tampoco tiene por qué ser una copia exacta del cuerpo al momento de la muerte. Si el cuerpo de una persona antes de morir estaba mutilado, ¿volverá de la misma manera? Sería irrazonable, porque pudiera darse el caso de que no estuviera ni siquiera en condición de oír y hacer “las cosas escritas en los rollos”. (Rev 20:12.) Digamos que una persona murió por haberse desangrado. ¿Volverá sin sangre? No, porque no podría vivir con un cuerpo humano sin sangre. (Le 17:11, 14.) Más bien, recibirá un cuerpo del agrado de Dios. Como la voluntad y el gusto de Dios es que la persona resucitada obedezca las “cosas escritas en los rollos”, deberá tener un cuerpo sano, que posea todas sus facultades. (Jesús resucitó a Lázaro con un cuerpo entero y sano, aunque ya había empezado a descomponerse; Jn 11:39.) De esta manera, toda persona podrá ser considerada, debida y justamente, responsable de sus hechos durante el período de juicio. Sin embargo, no será perfecto en el momento en que se le resucite, pues tendrá que ejercer fe en el sacrificio de rescate de Cristo y recibir los servicios sacerdotales de Cristo y su “sacerdocio real”. (1Pe 2:9; Rev 5:10; 20:6.)

El levantar a las personas de entre los muertos ciertamente es un asombroso milagro. Puesto que lo que los seres humanos son como personas parece estar inseparablemente ligado a sus cuerpos físicos, a muchas personas se les hace difícil entender cómo es posible la resurrección. En la mayoría de los casos, no queda nada del organismo físico de la persona muerta. El cadáver hasta puede haber sido quemado o quizás devorado por las aves, los peces o las bestias. Así es que, ¿cómo pueden las personas que son resucitadas verdaderamente ser las mismas que murieron?
La creación de Adán pone en claro que lo que lo hizo una persona fue lo que Dios hizo con él. Los elementos de los cuales Adán fue hecho no tenían personalidad. Sin embargo, cuando Jehová Dios le dio energía al cuerpo inanimado compuesto de los elementos del suelo, Adán llegó a ser una persona con una personalidad definida. La posesión del espíritu de vida que Dios puso en el cuerpo inanimado cuando le dio energía hizo de Adán un alma viviente.—Compare con Génesis 1:21, 24 concerniente a “alma.”
Lo que hace que los descendientes de Adán sean las personalidades que son no es la substancia que compone sus cuerpos sino la condición hereditaria que se transmite dentro de esa substancia... una herencia que consiste en las cualidades, rasgos y habilidades que distinguen de otras personas a los que los poseen. Lo que es más, aun durante la vida el cuerpo humano está cambiando constantemente. Las moléculas que forman el cuerpo de una persona hoy, no son las mismas que formaban su cuerpo hace unos siete años. No obstante, aunque sus substancias son diferentes en cuanto a moléculas, la persona todavía es la misma persona. ¿Por qué? Porque los órganos y rasgos corporales todavía están ahí a pesar del cambio gradual de las moléculas; hasta las impresiones digitales siguen siendo las mismas.
Claramente, entonces, la resurrección no depende de la conservación de las mismas moléculas. La persona resucitada puede ser, de hecho, hasta de una substancia diferente, como es el caso con los que resucitan a la vida como espíritus en los cielos. Tocante a la resurrección celestial, el apóstol Pablo escribió: “Lo que siembras no es vivificado a menos que primero muera; y en cuanto a lo que siembras, no siembras el cuerpo que se desarrollará, sino un grano desnudo, sea de trigo o cualquiera de los demás; pero Dios le da un cuerpo así como le ha agradado, y a cada una de las semillas su propio cuerpo. . . . Y hay cuerpos celestes, y cuerpos terrestres; mas la gloria de los cuerpos celestes es de una clase, y la de los cuerpos terrestres es de una clase diferente. . . . Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se levanta en incorrupción. Se siembra en deshonra, se levanta en gloria. Se siembra en debilidad, se levanta en poder. Se siembra cuerpo físico, se levanta cuerpo espiritual.” (1 Cor. 15:36-44) Sin embargo, para que las personas resucitadas sean las mismas personas, tienen que tener la indentidad personal de su vida anterior.
Esa cosa intangible —los rasgos y las cualidades que hacen a la materia organizada una persona distinta de otras— queda en manos de Dios, y él puede poner esa personalidad idéntica dentro del cuerpo que se le da al tiempo de la resurrección. Es por eso que la persona resucitada no es meramente una copia. Es la persona idéntica, que posee todo rasgo mental y emocional que la hizo lo que era antes de su muerte.
Esto explica por qué Jesús les dijo a sus discípulos: “No se hagan temerosos de los que matan el cuerpo mas no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo.” (Mat. 10:28) Es verdad que los hombres pueden quitar la vida, haciendo que el cuerpo quede inanimado. Pero no pueden quitar de una persona el derecho dado por Dios de ser un alma viviente. No pueden borrar a nadie de la provisión de Dios para ellos de ser despertados del sueño de la muerte. Solo Dios puede cancelar la oportunidad de una persona de vivir de nuevo como un alma. Cuando eso sucede, la persona está totalmente destruida. Aun si las mismas moléculas que componen el cuerpo de una persona se pudieran juntar, estas no tendrían ningún valor sin el derecho dado por Dios de volver a vivir. Solo Dios puede suministrar esa fuerza vital necesaria.
Por lo tanto, la resurrección de los muertos solo es posible porque Dios existe. Aunque la Biblia no suministra los detalles, provee suficiente información como para que uno tenga una base sólida para su fe en la resurrección. Uno puede beneficiarse personalmente de esta esperanza maravillosa tanto ahora como en el futuro.

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