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domingo, 11 de octubre de 2009

¿Quiénes son los apóstatas?

¿Quiénes son los apóstatas?

Los testigos de Jehová suelen denominar a estas personas que les atacan en los medios de comunicación “apóstatas”. Algunas de estas personas reniegan de esa palabra alegando que no les describe correctamente, sino que tan solo es un término despectivo. Por eso, cabe preguntarse: ¿quiénes son los apóstatas?

El sociólogo Lonnie D. Kliever, catedrático de la Southern Methodist University, explica: 

 “La palabra "apostasía" es una trasliteración del griego apostasia, que originalmente denotaba insurrección o secesión. Su uso religioso denota el abandono deliberado de la religión de uno”.

Similarmente, el catedrático de sociología de Oxford, Bryan Ronald Wilson, escribió:
“Apostasía puede considerarse sencillamente cuando un antiguo creyente renuncia a sus votos y a su anterior filiación religiosa.”

De modo que cualquier persona que abandona voluntariamente su religión, puede ser correctamente considerada un apóstata desde el punto de vista de esa religión.

Sin embargo, los testigos de Jehová suelen ser incluso más restrictivos a la hora de calificar a alguien de apóstata, pues no consideran como tal a cualquiera que abandone su religión, sino solo a aquellos que tras abandonarla la atacan públicamente.


De hecho, algunos diccionarios incluyen también en su definición el factor de publicidad; por ejemplo, el Diccionario Manual de la lengua española Larousse lo define: "Abandono PÚBLICO de una religión o doctrina".

También el propio profesor Kliever, antes citado, añadió al definir la apostasía: “Debe comprenderse como un fenómeno público más que privado. La apostasía no es una cuestión de dudas religiosas privadas o del abandono de las prácticas religiosas. La apostasía es una renuncia y condena públicas de las anteriores creencias y prácticas religiosas de uno.”

 Cada año, hay cientos de personas en varios países que dejan de ser testigos de Jehová. Algunos son expulsados, otros deciden desasociarse voluntariamente, y otros van abandonando las actividades de los Testigos de forma gradual según van perdiendo interés. Muchos de estos ex-testigos de Jehová mantienen una opinión neutra o incluso favorable de su anterior religión; de hecho, muchos de los que son expulsados dan pasos para ser readmitidos al cabo de un tiempo. Y entre quienes tienen una opinión negativa (ya sea por diferencias personales con otros Testigos o por disentir en asuntos de doctrina u organización),  unos POCOS tienen esa actitud de despecho que les lleva a tratar de dar publicidad a sus críticas, convirtiéndose así en lo que los testigos de Jehová denominan correctamente un apóstata.

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INFORMACION ADICIONAL:

El catedrático de sociología de Oxford, Bryan Ronald Wilson, escribió: “Apostasía puede considerarse sencillamente cuando un antiguo creyente renuncia a sus votos y a su anterior filiación religiosa.” De modo que cualquier persona que abandona voluntariamente su religión, puede ser correctamente considerada un apóstata desde el punto de vista de esa religión.

Sin embargo, los testigos de Jehová no consideran como tal a cualquiera que abandone su religión, sino solo a aquellos que tras abandonarla la atacan públicamente.

El profesor Kliever compara la dinámica de separación del apóstata de un grupo religioso al que antes amaba con un divorcio lleno de amargura. Tanto el matrimonio como la religión requieren un alto grado de compromiso e implicación; cuanto mayor sea la implicación, más traumática la ruptura; cuanto más haya durado el compromiso, más urgente es la necesidad de culpar al otro del fracaso de la relación. Los que han sido miembros de nuevos movimientos religiosos durante mucho tiempo y han estado muy implicados pero que más tarde se sienten desencantados con su religión, suelen echar toda la culpa a sus anteriores correligionarios o a la organización religiosa en general. Como explica el investigador de asuntos religiosos Gordon Melton, magnifican pequeñas faltas hasta convertirlas en enormes maldades, convierten decepciones personales en maliciosas traiciones, e incluso contarán falsedades increíbles con tal de dañar a su anterior religión

(Por supuesto, cualquier persona puede sentirse hasta cierto punto conmocionada tras abandonar una religión a la que amaba, igual que una persona tras un divorcio puede sentirse emocionalmente desestabilizada durante un tiempo. Esto en sí mismo no descalifica a la religión, igual que no descalifica a la institución del matrimonio, o al otro ex-conyuge; además, investigadores como Lewis Carter, David G. Bromley o Gordon Melton consideran que los casos en que alguien necesita ayuda psicológica tras abandonar su religión son escasos y más atribuíbles a la influencia de los grupos anti-sectas que al abandono en sí de su religión).

El apóstata por lo general siente una gran necesidad de autojustificarse. Trata de reconstruir su propio pasado, excusar su anterior afiliación a una religión que ahora odia tanto, y culpar a los que antes eran sus asociados más próximos. Esto explica su rechazo frontal ante cualquier información o argumento que refute la postura que tanto le ha costado crear o asumir. El sociólogo norteamericano David Bromley dice que individuos que eligen dejar una fe elegida por ellos mismos deben hacerse críticos con ella para justificar su marcha, lo que abre la puerta a ser reclutados y utilizados por organizaciones que buscan usar su testimonio como un arma.

El apóstata necesita establecer su credibilidad tanto con respecto a su conversión a su anterior religión como a su posterior renuncia a tal compromiso, necesita una explicación convincente tanto de su adherencia a su anterior fe como a su abandono y condena del mismo, y el género de la “historia atroz” le permite lograr esto hasta cierto punto. Gracias a esta historia, el apóstata se representa a sí mismo como una persona que fue introducida en su anterior confesión religiosa en un momento en que estaba especialmente vulnerable. Sus anteriores compañeros ahora son representados como personas que le convencieron con falsedades, engaños, promesas de amor, apoyo, mejores perspectivas, mayor bienestar, etc. En realidad, según su historia, eran falsos amigos que solo buscaban explotar su buena voluntad y conseguir de él largas horas de trabajo gratis o todo el dinero o propiedades que tuviese. Así, se representa como una persona que no es responsable de sus acciones cuando fue captado por su anterior religión, y que volvió a recobrar el juicio cuando la dejó. Su mensaje viene a ser: “En estas circunstancias, le podría haber pasado a cualquiera. Ellos son totalmente los responsables y ellos actuaron con malicia”. El apóstata evade así la responsabilidad de sus acciones y trata de reintegrarse en la sociedad a la que ahora quiere influir, y quizá hasta movilizar, contra el grupo religioso que él ha abandonado.
Según el prof. Wilson, los apóstatas, gracias al sensacionalismo de la prensa, a veces han decidido sacar ganancia de los relatos de sus experiencias vendiendo la historia a algún periódico o plasmándola en libros, a veces escritos por “extraños” (Bryan Wilson, The Social Dimensions of Sectarianism [Las dimensiones sociales del sectarismo], Oxford: Clarendon Press, 1990, pág.19).


Citando al profesor Kliever: “Es innegable que estos tenaces y acérrimos opositores de las nuevas religiones presentan una visión distorsionada de las nuevas religiones ante el público, los investigadores y los tribunales. Siempre representan un escenario que les justifica a ellos por medio de trasladar la responsabilidad de sus acciones al grupo religioso. De hecho, los diversos escenarios de lavado de cerebro tan a menudo invocados contra los nuevos movimientos religiosos han sido repudiados de forma aplastante por científicos sociales y expertos en religión como nada más que esfuerzos calculados para desacreditar ante la opinión pública y las agencias gubernamentales. Difícilmente pueden tales apóstatas ser considerados como informadores confiables por periodistas, investigadores y juristas responsables. Incluso los relatos de desertores voluntarios sin rencor deben usarse con precaución, pues interpretan su experiencia religiosa pasada a la luz de sus esfuerzos presentes por restablecer su propia identidad y autoestima.” Coincide con él también el prof. Wilson al escribir: “Los apóstatas suelen ser informantes muy dispuestos, pero los sociólogos por lo general tienen gran cautela con esta fuente de información. Los informantes que son meros contactos y que no tienen motivos personales por lo que dicen, se prefieren antes que aquellos que desean utilizar al investigador para sus propios fines. El desafecto y el apóstata en particular son informantes cuya evidencia debe utilizarse con prudencia.”


Adaptado desde:


http://www.tjdefendidos.org/

CONSULTADO EN 2014

"La confiabilidad del testimonio de apóstatas sobre los nuevos movimientos religiosos", 1995, por el sociólogo Lonnie D. Kliever, catedrático de la Southern Methodist University.

(en inglés)
https://scientologymyths.wordpress.com/tag/apostates/

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