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domingo, 30 de agosto de 2009

RADIOCARBONO 14 Y DATACION

LA MAYORÍA de las personas que leen la Biblia, aunque sea de manera casual, saben que la raza humana tiene aproximadamente unos seis mil años de edad. Pero lo que quizás no sepan es cuáles son los textos bíblicos que indican esa edad. Tal vez usted haya visto en algunas Biblias la fecha de 4004 a. de la E.C., en la columna marginal del primer capítulo de Génesis.

¿Sabe usted si esa fecha es correcta, o en qué razonamiento está basada? Entonces, ¿qué sucede si usted lee un artículo noticiero sobre una nueva medición de radiocarbono que muestra que cierta ubicación arqueológica fue ocupada por hombres primitivos hace ocho o nueve mil años? ¿Se pregunta si en verdad la fecha bíblica es correcta? ¿O cruza tal vez por su mente la idea de que después de todo quizás los evolucionistas estén en lo cierto?

Estudiantes concienzudos de la Biblia saben que su Autor es un exacto y cuidadoso marcador del tiempo. Ellos han seguido los textos que dan el número exacto de los años y que llevan de un suceso sobresaliente a otro. Saben que la cronología antigua de la humanidad, llevada solamente en la Biblia, enlaza con cronología histórica confiable, de modo que se pueden asignar fechas exactas a los acontecimientos registrados desde la creación de Adán en 4026 a. de la E.C. en adelante.

Más que eso, saben que la Biblia, como libro profético, a menudo ha enlazado datos de tiempo con acontecimientos futuros que llegaron a suceder exactamente en el año predicho. Muchos que viven hoy día han llegado a presenciar personalmente el cumplimiento de la profecía de largo alcance acerca de los “tiempos señalados de las naciones,” que se extendían hasta este siglo veinte. Vieron al estallido de la I Guerra Mundial en el año predicho de 1914, con la entrada del período de aflicción del cual este mundo jamás se recobrará. Actualmente esperan en esta década ver completado el año seis mil de la existencia del hombre. Tienen confiada esperanza en que el séptimo día de 1.000 años traerá el reino de mil años del Príncipe de Paz.

Los cristianos maduros están familiarizados, por medio de su estudio y experiencia, con la cronología exacta de la Biblia. Para ellos es increíble la idea de que Dios pudiera haber estado equivocado en cuanto al tiempo de la creación del hombre, o de que hubiera sido tan descuidado al suministrar y conservar ese registro que nosotros hoy día careciéramos de esta información vital. Cuando se presentan cronologías científicas que contradicen la cronología de la Biblia, dicen con serena confianza que los científicos deben estar equivocados, porque ‘Dios no puede mentir.’—Tito 1:2.

Ahora, quizás usted sea uno de los que no comparten esta confianza. Usted quizás se pregunte: ¿Podemos en realidad poner fe en el relato de la Biblia acerca de la creación del hombre, cuando parece estar tan fuera de armonía con lo que los científicos están aprendiendo? Si las fechas de radiocarbono para las primeras colonias del hombre son correctas, entonces las fechas de la Biblia de alguna manera están equivocadas, ¿y cómo sabemos dónde nos encontramos en la corriente del tiempo? Peor todavía, si el horario de la Biblia no es confiable, tal vez otras cosas en ella tampoco sean confiables. Así que, ¿podemos en realidad depender de ella?

Si el fechar con el reloj de radiocarbono hace que usted vacile en cuanto a aceptar de todo corazón las promesas bíblicas de un nuevo orden, lo invitamos a considerar cuidadosamente la información que se ha presentado en los dos artículos precedentes. No acepte crédulamente opiniones de científicos como la verdad final en asuntos que de manera tan vital afectan su futuro. Recuerde con cuánta frecuencia los “hechos” científicos de una generación han sido descartados por los científicos de la generación siguiente. Considere la misma teoría del radiocarbono, cuántas de sus suposiciones básicas han tenido que ser modificadas para ponerla al día con los estudios recientes. Sin el apoyo (a veces bastante dudoso) de muestras fechadas por otros medios, el fechar con radiocarbono ahora sería un asunto bastante incierto.

¿Consideraría usted prudente abandonar su fe en la Biblia para solo reemplazarla con fe en una teoría científica tan inestable como ésta?

Los científicos que participaron en el simposio de 1969 en Upsala se retiraron con el sentimiento de que se estaba logrando progreso en el entendimiento y superación de sus muchos problemas. Se complacieron particularmente en comparar el fechar con radiocarbono con la cuenta de anillos de árboles. Aunque la cronología de los anillos de árboles dejó muy mal paradas las fechas de radiocarbono, sus proponentes sí llegaron a un acuerdo. Les fue posible construir una curva de corrección mutuamente consistente, y dar explicaciones plausibles a las principales tendencias de las desviaciones.

Sin embargo, bien podría ser que ninguna de estas cronologías científicas sea tan independiente como quisieran creer sus apoyadores. Tal vez dependan de un razonar que se basa en un círculo vicioso. ¿Creen los que trabajan con el radiocarbono que su fechar es correcto porque está verificado por los laboratorios que cuentan anillos de árboles? ¿Y están convencidos los investigadores de la cuenta de anillos de árboles de que su cronología maestra es correcta porque las fechas de radiocarbono coinciden con ella? Mientras se mantengan dentro del canal marcado por las boyas de la historia, ambas tienen un derrotero razonable, pero en las nebulosas profundidades de más allá, se alejan navegando con el único factor limitativo de no perderse de vista una a la otra.
Para que usted no vaya a creer que éste es un juicio injusto, eche una ojeada a los contravientos y a las contracorrientes a que tiene que enfrentarse el timonel del radiocarbono:

(1) La vida media del radiocarbono no se conoce con la exactitud con que quisieran conocerla los científicos.

(2) En los pasados 10.000 años los rayos cósmicos, nunca constantes, pueden haber sido mucho más fuertes o débiles de lo que en general se cree.

(3) Las llamaradas solares cambian el nivel del radiocarbono... cuánto lo han hecho en el pasado, nadie lo sabe.

(4) El campo magnético de la Tierra cambia caprichosamente en breve escala de tiempo, y de manera tan radical a través de milenios que hasta el polo norte y el sur se invierten. Los científicos no saben por qué.

(5) Los científicos que trabajan con el radiocarbono admiten que una “edad del hielo” pudo haber afectado el contenido de radiocarbono del aire, por medio de cambiar el volumen y la temperatura de los océanos, pero no están seguros de la magnitud de estos cambios.

(6) Pasan por alto toda la evidencia, tanto científica como bíblica, acerca de un diluvio global que aconteció hace cuarenta y tres siglos, y por eso no reconocen los efectos drásticos que un cataclismo de esta índole tiene que haber tenido en las muestras de ese período que ellos miden.

(7) La mezcla de radiocarbono entre atmósfera y océano puede ser afectada por cambios en el clima o tiempo, pero nadie sabe cuánto.

(8) La mezcla de radiocarbono entre las capas superficiales y el océano profundo tiene cierto efecto, muy imperfectamente conocido.

(9) La cuenta de anillos de árboles, que se ha usado para calibrar el reloj de radiocarbono, queda puesta en dudas debido a la posibilidad de grandes cambios climáticos en épocas pasadas.

(10) El contenido de radiocarbono de árboles viejos puede haber sido alterado por la difusión de savia y resina en la madera interna.

(11) Muestras enterradas pueden o ganar o perder radiocarbono por la filtración de aguas del terreno o por contaminación.

(12) Nunca se puede estar seguro de que la muestra elegida para fechar un acontecimiento realmente corresponda con éste. Solo es más o menos probable, dependiendo de la evidencia arqueológica que haya en el lugar.

Esta de ninguna manera es una lista completa de los obstáculos que acosan el fechar con radiocarbono, pero debería ser suficiente para hacer que el individuo pausara antes de deshacerse de su Biblia. Muchos de estos puntos no afectarían seriamente las fechas del pasado reciente, pero la influencia de ellos aumenta con el tiempo. Así, pues, el método funciona razonablemente bien hasta 2.500 ó 3.500 años, pero a medida que seguimos remontándonos en el pasado los resultados se hacen más y más dudosos. No podríamos esperar que el reloj de radiocarbono marchara antes del Diluvio como lo hace hoy día. Y sería verdaderamente sorprendente el que se haya podido normalizar por completo dentro de los mil años posteriores a semejante golpe.

Observe en particular el último punto de la lista anterior. Aun si todo lo demás del fechar con radiocarbono estuviera correcto, si se halla que restos de carbón de leña excavados en la ubicación de Jarmo, en Irak, son de 6.700 años de edad, ¿prueba eso que la Biblia esté equivocada? ¿No depende eso de la interpretación del arqueólogo que haya recogido la muestra? ¿Es acaso infalible él? Aunque él le asegurara que su muestra es inequívoca, indiscutible e irrefutablemente genuina, ¿es la creencia de él base firme para la fe de usted?

Al examinar la evidencia, no pase por alto el resultado más significativo del fechar con radiocarbono, a saber: Que de todas las edades encontradas para las muestras asociadas con la presencia del hombre, la vasta mayoría, tal vez más del 90 por ciento, han resultado tener menos de 6.000 años.

Fuente(s):

Si fueran correctas las ideas de los evolucionistas de que el hombre ha estado en la Tierra desde hace un millón de años, de seguro se esperaría encontrar un número más grande de artículos fechados en 10.000 ó 20.000 años, dentro del alcance del carbono 14. ¿Por qué es que casi todos los especímenes están dentro de solo los pasados 6.000 años? No esperamos que una medición científica hable con la autoridad de un confiable testigo presencial. Solo puede ofrecer evidencia circunstancial. Pero hablando estadísticamente, el reloj de radiocarbono arroja ampliamente el peso de su testimonio a favor del relato de la creación, y en contra de la hipótesis de la evolución, en lo que concierne al origen del hombre.

A juzgar por las apariencias, el método de contar los anillos de árboles parece mucho más íntegro que la medición con el carbono 14. Sin embargo, al inspeccionarlo más detenidamente, encontramos que hay debilidades en la cadena de los patrones que, al ser comparados, corren paralelos. No hay dos árboles que tengan exactamente el mismo patrón de anillos densos y delgados. Es necesario añadir los anillos perdidos a todos los patrones, para que se les pueda ajustar unos a otros. ¿Hemos de creer que el juicio del analista es siempre correcto al decidir dónde colocar los anillos perdidos? Si fueran insertados en lugares diferentes, ¿sería posible que la coincidencia de patrones pudiera ajustar mejor en otra parte del registro? Se nos dice que algunas veces una fecha de carbono-14 previamente calculada para la madera ayuda a colocarla en el lugar apropiado. Sin que esta información lo predispusiera, o tal vez estando predispuesto en cuanto a tratar de hacer que el registro total ajuste dentro de un tiempo más corto, ¿sería posible que otro analista lograra un pareo tan bueno como el anterior? Estas son preguntas cruciales, si es que hemos de decidir a favor de cifrar más fe en la cuenta de anillos de árboles que en la cuenta de años registrada por los escritores de la Biblia.

Como en todas las conclusiones científicas, hay límites en cuanto a lo confiable del fechar por la cuenta de anillos de árboles. Parece que algunos árboles pueden contar los años, teniéndose en cuenta posibles tropiezos por anillos perdidos y anillos dobles, y mantienen su cuenta mucho tiempo después de haber muerto. Pero los árboles muertos, de por sí, no dicen cuándo comenzaron a contar o dejaron de hacerlo. El hombre que combina los patrones es el que tiene que decidir eso, y sus opiniones y prejuicios no pueden excluirse de esta decisión subjetiva. ¿Estaría usted dispuesto a arriesgar su vida teniendo como base la proposición de que él no ha cometido un error?

¿Estaría usted dispuesto a aceptar la palabra de algún científico, sin importar su prestigio, en el sentido de que el fechar con radiocarbono con el apoyo de la cuenta de anillos de árboles ha establecido como cierto ahora que no hubo un diluvio en los días de Noé, como el que describe la Biblia? Jesucristo dijo que ese diluvio aconteció. (Mat. 24:37-39; Luc. 17:26, 27) Dios mismo ha hecho que este relato se registrara en su Palabra inspirada. ¿La autoridad de quién preferiría usted aceptar al tener que tomar una decisión de vida o muerte?

Compare estos sistemas científicos de cronología con el de la Biblia: “Sem tenía cien años de edad cuando llegó a ser padre de Arpaksad, dos años después del diluvio. . . . Y Arpaksad vivió treinta y cinco años. Entonces llegó a ser padre de Selah. . . . Y Selah vivió treinta años. Entonces llegó a ser padre de Eber.” (Gén. 11:10-26) Esta es una cronología llevada por hombres que sabían contar, sin perder ningún año ni contar alguno dos veces, y que podían llevar registros escritos de su cuenta. Y nosotros también podemos contar, y podemos sumar los años de ese registro desde el Diluvio hasta ahora, un total de 4.340 años. ¿No es más creíble esto que contar y correlacionar anillos de árboles muertos hace mucho, o contar capas de arena, o tratar de equilibrar todos los factores de incertidumbre de un reloj radiactivo?

La cronología bíblica tiene una superioridad singular sobre las cronologías científicas. Se extiende al futuro. El reloj de radiocarbono va marcha abajo, cada vez más y más lento, pero sin punto final. La cronología de la cuenta de anillos de árboles termina con el crecimiento del último año. Pero la cronología bíblica dirige nuestra atención a un punto definido, todavía futuro... el fin de seis días de 1.000 años cada uno de la historia del hombre, según han sido contados por su Creador.

El registro pasado de la Biblia de pronosticar fechas futuras es impresionante. Los testigos cristianos de Jehová publicaron cronología bíblica que predijo a 1914 como la fecha de los tremendos cambios en los asuntos de la Tierra que entonces acontecieron. Dijo el World de Nueva York del 30 de agosto de 1914: “El tremendo estallido de guerra en Europa ha cumplido una profecía extraordinaria. Durante la cuarta parte del siglo pasado, por medio de predicadores y por medio de la prensa, los ‘Estudiantes Internacionales de la Biblia’ . . . han estado proclamando al mundo que el Día de la Ira profetizado en la Biblia amanecería en 1914. ‘¡Tengan cuidado con 1914!’ ha sido el lema de los . . . evangelizadores.”

Ese año de 1914 fue fecha marcada de manera tan clara que los historiadores de hoy día no pueden pasarla por alto. Y no es mera coincidencia el que esta década haya sido marcada por muchos científicos que escudriñan el futuro como aquella en que el mundo se encarará a caos y desastre final por una docena de fuerzas inexorables que ya están convergiendo fatalmente sobre él. ¿Cuál éxito del reloj de radiocarbono puede compararse con esta marca de la Biblia en cuanto a señalar con exactitud fechas?

El doctor Säve-Söderbergh, del Instituto de Egiptología de la Universidad de Upsala, relató la siguiente anécdota en el simposio:

“Se estaba considerando el fechar con carbono 14 en un simposio sobre la prehistoria del valle del Nilo. Un famoso colega norteamericano, el profesor Brew, resumió brevemente una actitud común entre los arqueólogos en cuanto a ello, diciendo lo siguiente:

“‘Si una fecha de carbono-14 apoya nuestras teorías, la ponemos en el texto principal. Si no las contradice del todo, la ponemos en una nota al pie de la página. Y si está completamente “fuera de fecha”, sencillamente la descartamos.’

“Pocos son los arqueólogos que se han ocupado con cronología absoluta que son inocentes de haber aplicado este método de vez en cuando, y muchos todavía vacilan en cuanto a aceptar las fechas de carbono-14 sin reservas.”18

Científicos mundanos todavía vacilan en cuanto a aceptar los resultados del fechar con radiocarbono, cuando todo el daño que se haría es trastornar sus preciadas teorías.

¿No deberían entonces los cristianos, por razones mucho más poderosas, vacilar en cuanto a aceptar como verdad una cronología científica que constantemente está siendo revisada en su teoría fundamental, apoyándose primero en una muleta y después en otra? ¿Por qué deberían aceptarla cuando sus resultados contradicen redondamente una cronología bíblica que ha sido llevada por escrupulosos cronólogos y protegida por la supervisión divina, que por miles de años ha soportado con buen éxito las pruebas de su exactitud tanto histórica como profética? Por cierto es la Biblia, que muestra que vivimos en los “últimos días” de este inicuo sistema y que el justo nuevo orden de Dios está cerca... es la cronología que se encuentra en este libro, lo que merece nuestra fe.

IRRESPONSABILIDAD DEL CARBONO 14

Aunque en ocasiones se ha recurrido a la técnica de fechar con radiocarbono (C14), este método tiene claras limitaciones. La revista Science del 11 de diciembre de 1959 dijo al respecto: “El caso que parece que llegará a convertirse en un ejemplo clásico de ‘irresponsabilidad del C14’ es el de la aldea prehistórica de Jarmo, en el nordeste de Irak. Se han atribuido once diferentes fechas a esta aldea con una diferencia máxima entre ellas de seis mil años, mientras que, sobre la base de todos los indicios arqueológicos, no fue ocupada por más de quinientos años consecutivos”. 
http://www.sciencemag.org/content/130/3389.toc


REFERENCIAS

1. Radiocarbon Dating, por W. F. Libby, 1952, pág. 72.

2. Nobel Symposium 12: Radiocarbon Variations and Absolute Chronology 1970, pág. 25.

3. E. K. Ralph and H. N. Michael, Archaeometry, Vol. 10 1967, pág. 7.

4. Radiocarbon Dating, pág. 41.

5. Nobel Symposium 12, pág. 522.

6. Radiocarbon Dating, pág. 29.

7. Ib., pág. 32.

8. Nobel Symposium 12, pág. 576.

9. C. W. Ferguson, Science, Vol. 159, 23 de feb., 1968, pág. 840.

10. Ib., pág. 845.

11. Ib., pág. 842.

12. Ib., pág. 839.

13. Nobel Symposium 12, pág. 272.

14. Ib., pág. 273.

15. Ib., pág. 167.

16. Ib., pág. 216.

17. Ib., pág. 219.

18. Ib., pág. 35

Tomado deYahoo Repuestas
http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080702225516AAeNeM8

Publicado originalmente en "¡Despertad!" de 22 de julio de 1972
Copyright © 2010 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania. Derechos Reservados.

QUE EDAD TIENE EL UNIVERSO

http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20100528215919AAYfSqZ

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